¿Y si repoblamos la Tierra? por Sandra Barral.

Enero 2017

Qué mejor manera de empezar un año que conversando sobre un tema tan fascinante y complejo como la toma de decisiones. Así que eso fue lo que decidimos hacer el último jueves de enero para darle la bienvenida al 2017 como buena familia creativa.

Comenzamos revisando un poco de literatura sobre el tema. Resulta que estudios neurocientíficos han demostrado que el proceso de toma de decisiones está altamente influenciado por las emociones. Fue Antonio Damasio quien encontró que individuos con daño cerebral en la zona donde se generan las emociones podían describir sus acciones en términos logicos, pero encontraban dificultades para decidir sobre asuntos tan básicos como qué comer. ¿Carne o pollo? Allí el dilema de estos sujetos de la investigación, que no eran capaces de sentir emociones, ni de escoger un plato.

Esta revelación sirvió de chispa para arrancar una buena conversación que abarcó los elementos de una buena decisión y las trampas más comunes en las que podemos caer a la hora de elegir. Y  después de una charla muy nutritiva formamos tres grupos y nos divertimos un rato imaginando que teníamos poder suficiente para eliminar a la raza humana y repoblar la Tierra. ¿Qué decisiones implicaría esta peculiar tarea? Lo cierto es que todos los equipos optaron por salvar a los humanos, muy a pesar de los tantos defectos que tenemos como especie y de los desastres que provocamos en el planeta.

Las decisiones moldean nuestra vida. Con cada elección construimos nuestros futuro y definimos el carácter de nuestro presente, de allí que decidir sea un arte, orientado a aumentar la probabilidad de tener buenos resultados, sin perder de vista que no podemos controlar el futuro.

¿Conclusiones de la noche? El autoconocimiento es clave. Conocernos en profundidad nos permite entender en su justa medida cada situación de la que somos parte y las posibles consecuencias de las opciones consideradas. ¿Y qué implica conocernos? Pues decidir, decidir, decidir. Ensayar y evaluar resultados. Probar pollo, carne, pasta, algas, para poder saber cuál es la alternativa que mejor se ajusta a lo que somos.  Decidir es un proceso en el que se gana maestría con la práctica.

Las sorpresas están garantizadas, sin duda. Porque así es la vida. Por más que analicemos, repasemos pros y contra, consultemos amigos y gurús, no controlamos los resultados.

¿Qué pasa entonces si “nos equivocamos”?

Buenos, ese tema ya forma parte de otra reunión familiar…

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